El pasado 9 de septiembre, La Revuelta ofreció una conversación que no pasará
desapercibida. Mariló Montero, periodista de larga trayectoria, llegó al plató con la
intención de hablar de su participación en MasterChef Celebrity 10. Pero pronto la
charla derivó hacia temas más polémicos: la tauromaquia, la imparcialidad de RTVE y
la profesión periodística misma.
Montero defendió la tauromaquia como “arte” y cuestionó la imparcialidad de la cadena
pública, sugiriendo que RTVE actuaba bajo “encargos” del gobierno. Sus palabras
generaron sorpresa y tensaron el ambiente del plató, dejando ver que, a veces, la
autoridad que otorga la experiencia puede transformarse en soberbia.
Frente a ella, Broncano mantuvo su estilo: irónico, directo y firme. No necesitó levantar
la voz ni recurrir a golpes de efecto. Al referirse a las críticas de Montero hacia los
presentadores de RTVE, comentó: “Le has puesto de comisario soviético”, y, al hablar
sobre la tauromaquia, le señaló que sus opiniones parecían sacadas de otra época, de
“1945”. Con calma, logró poner en evidencia lo que era evidente: que algunos discursos
pueden sonar caducos y desconectados de la realidad.
Pero lo que realmente marcó la noche fue la reacción del público. Cada intervención de
Montero generó murmullos, risas y, en ocasiones, abucheos. Cada respuesta de
Broncano fue aplaudida y respaldada con fuerza. La audiencia se convirtió en un juez
silencioso, recordando que no se tolera el ruido vacío ni los ataques sin sustento.
Lo más preocupante no fue solo lo que dijo Montero, sino cómo lo dijo. Como
periodista, tiene la responsabilidad de sus palabras y de quienes la escuchan. Cuestionar,
debatir, incluso criticar está bien, pero atacar el periodismo desde dentro, sin
fundamento y con desdén, es otra cosa. El público lo sintió: reaccionó, se incomodó y
dejó claro que el periodismo no es un juego de opiniones personales ni un escenario
para lucirse. Esa línea, una colega no debería cruzarla.
Anoche, La Revuelta no solo mostró un enfrentamiento televisivo; también dejó claro
que la audiencia sabe distinguir entre la claridad y el ruido, entre la coherencia y la
soberbia, entre quien respeta el oficio y quien lo olvida. Broncano defendió sus ideas
con inteligencia y respeto, y, al mismo tiempo, defendió la dignidad de la profesión
periodística frente a quien parecía haberla olvidado.
Porque ser periodista no es solo una cuestión de palabras; es una responsabilidad. Y
cuando alguien del propio gremio olvida esa responsabilidad, la audiencia lo nota, lo
siente y, como sucedió anoche, lo deja claro.
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